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lunes, 15 de abril de 2013

Colision de Estrella Kappa



El observatorio espacial Herschel de la ESA ha observado por primera vez un cinturón de polvo – resultado de las colisiones entre cometas o asteroides – rodeando a una estrella subgigante que también tiene un sistema planetario.

Las estrellas como nuestro Sol, después de pasar miles de millones de años quemando hidrógeno en sus núcleos de forma ininterrumpida, terminan agotando sus reservas de combustible y comienzan a quemar las capas que rodean al núcleo. Como resultado, se hinchan convirtiéndose en estrellas subgigantes, antes de transformarse en gigantes rojas.

Durante la fase de estrella subgigante, los planetas, asteroides y cinturones de cometas que las rodean todavía tienen posibilidades de sobrevivir. Para comprender mejor este proceso, es necesario observar este tipo de sistemas y medir sus propiedades. La búsqueda comienza por las estrellas rodeadas por discos de polvo, generados por las colisiones entre cometas o asteroides.

Gracias a la gran sensibilidad del telescopio espacial Herschel para observar en la banda del infrarrojo lejano, los astrónomos han sido capaces de analizar la brillante emisión que rodea a la estrellaKappa Coronae Borealis(κ CrB, o Kappa Cor Bor), descubriendo un disco de escombros y polvo a su alrededor.

Esta estrella presenta una masa 1.5 veces superior a la de nuestro Sol, tiene unos 2.500 millones de años y se encuentra a unos 100 años luz de nuestro planeta.

Al observarla desde la Tierra, se descubrió que cuenta con un planeta gigante con el doble de masa que Júpiter, a una distancia de la estrella equivalente a la del Cinturón de Asteroides de nuestro propio Sistema Solar. Los astrónomos sospechan que podría existir un segundo planeta a su alrededor, pero todavía no han podido acotar su masa.

Las observaciones de Herschel ofrecen una inusual oportunidad para comprender mejor la vida de los sistemas planetarios en órbita a las estrellas subgigantes, y permiten estudiar en detalle la arquitectura de su disco y del sistema de planetas.

“Es la primera vez que detectamos una estrella ‘jubilada’ con un disco de escombros y uno o más planetas”, explica Amy Bonsor, del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, autora principal de este estudio.

“El disco de escombros ha sobrevivido a toda la vida de la estrella sin ser destruido, al contrario que en nuestro propio Sistema Solar, donde la mayor parte de los escombros fue despejada durante una fase conocida como la era del Bombardeo Intenso Tardío, unos 600 millones de años después de que se formase el Sol”.

El equipo de Bonsor ha propuesto tres posibles configuraciones del disco y los planetas que se ajustarían a las observaciones de Kappa Cor Bor realizadas con Herschel.

El primer modelo sugiere la presencia de un único cinturón de polvo, continuo, que se extiende desde las 20 UA a las 220 UA (donde 1 UA, o Unidad Astronómica, es la distancia entre la Tierra y el Sol).

Si lo comparamos con nuestro Sistema Solar, nuestro disco de escombros de hielo – conocido como el Cinturón de Kuiper – se extiende en una franja mucho más estrecha, de 30 a 50 UA del Sol.

Según este modelo, uno de los planetas se encontraría a más de 7 UA de la estrella, y su influencia gravitatoria daría forma al borde interior del disco.

El segundo modelo presenta un disco que está siendo agitado por la influencia gravitatoria de dos planetas, que lo mezclan de tal forma que la tasa de producción de polvo alcanza un pico a unas 70-80 UA de la estrella.

Otra posibilidad sería que el disco de polvo estuviese dividido en dos cinturones más estrechos, centrados a 40 UA y 165 UA, respectivamente. La órbita del cuerpo exterior podría estar comprendida entre estos dos cinturones, a una distancia de 7 a 70 UA, dejando abierta la posibilidad de que se trate de un cuerpo más masivo que un planeta, como una enana marrón subestelar.

“Nos encontramos ante un sistema misterioso e intrigante: ¿hay uno o dos planetas dando forma a este disco? ¿existe una enana marrón en órbita a la estrella central, que ha dividido el disco en dos?” se planeta Bonsor.

Como este es el primer ejemplo detectado de una estrella subgigante con planetas y un disco de escombros a su alrededor, hacen falta más ejemplos para determinar si Kappa Cor Bor es un caso excepcional o algo común en el universo.

“Gracias a la gran sensibilidad de Herschel para observar en la banda del infrarrojo lejano, y a su gran archivo de datos, ya hemos encontrado pistas de otras estrellas subgigantes que podrían estar rodeadas por discos de polvo. Será necesario hacer nuevas observaciones para determinar si también cuentan con sistemas planetarios”, explica Göran Pilbratt, científico del proyecto Herschel para la ESA.

sábado, 30 de marzo de 2013

Estrellas Recientes en Formacion



Esta hermosa colección de brillantes estrellas azules esparcidas forma el cúmulo NGC 2547, un grupo de estrellas de reciente formación que se encuentra en la constelación austral de Vela (La Vela). Esta imagen fue tomada con el instrumento Wide Field Imager, instalado en el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros, en el Observatorio La Silla de ESO, en Chile.

El universo es un vecindario con solera — con cerca de 13.700 millones de años. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, también es antigua — algunas de sus estrellas tienen más de 13.000 millones de años. Aún así, aún hay mucho movimiento en ella: se forman y se destruyen objetos de manera constante. En esta imagen pueden ver algunos de los nuevos miembros, las jóvenes estrellas en formación del cúmulo NGC 2547.

Pero, ¿qué edad tienen realmente estas estrellas jóvenes? Aunque su edad exacta sigue siendo un misterio, los astrónomos estiman que la edad de las estrellas de NGC 2547 oscila entre los 20 y los 35 millones de años. Al fin y al cabo, no parecen tan jóvenes. Sin embargo, nuestro Sol tiene 4.600 millones de años y aún no ha alcanzado su edad media. Esto significa que si nos imaginamos que el Sol es una persona de unos 40 años, las estrellas brillantes de la imagen son bebés de tres meses.

La mayor parte de las estrellas no se forman de manera aislada, sino en ricos cúmulos con tamaños variables, ya que pueden contener de varias decenas a varios miles de estrellas. Mientras que NGC 2547 cuenta con numerosas estrellas calientes que brillan en tonos azulados (lo cual es un claro indicador de su juventud), en contraste podemos encontrar una o dos estrellas amarillas, o alguna estrella roja que ya ha evolucionado hasta convertirse en estrella roja gigante. Normalmente, los cúmulos estelares abiertos como este tienen, comparativamente, vidas muy cortas, del orden de varios cientos de millones de años, antes de desintegrarse y de que las estrellas que los componen se dispersen.

Los cúmulos son objetos clave para los astrónomos que estudian cómo evolucionan las estrellas a lo largo de sus vidas. Los miembros de un cúmulo nacen todos del mismo material y más o menos al mismo tiempo, hacienda más fácil la determinación de los efectos producidos por otras propiedades estelares.

El cúmulo estelar NGC 2547 se encuentra en la constelación austral de Vela (La Vela), a unos 1.500 años luz de la Tierra, y es lo suficientemente brillante como para poder observarla fácilmente con prismáticos. Fue descubierta en 1751 por el astrónomo francés Nicolas-Louis de Lacaille durante una expedición astronómica al Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, utilizando un pequeño telescopio de menos de dos centímetros de apertura.

Entre las brillantes estrellas de esta imagen pueden verse muchos otros objetos, especialmente si hacemos un “zoom” sobre ella. Muchos son objetos más débiles o galaxias distantes de la Vía Láctea, pero otros, que aparecen como objetos difusos y alargados, son galaxias que se encuentran a millones de años luz, detrás de las estrellas que vemos en nuestro campo de visión.

Fuente : ciencia

viernes, 29 de marzo de 2013

Formación de Estrellas Masivas



Con esta nueva imagen de una gran nube de formación de estrellas, conocida como W3, el telescopio espacial Herschel de la ESA nos desvela cómo se forman las estrellas masivas.

La nube molecular W3 alberga una enorme guardería estelar, a unos 6.200 años luz de nuestro planeta, en el Brazo de Perseo, uno de los cuatro brazos mayores de nuestra galaxia espiral.

Con una extensión de casi 200 años luz, W3 es uno de los mayores complejos de formación de estrellas de la Vía Láctea exterior. En su interior se forman nuevas estrellas de alta y baja masa. La línea divisoria se encuentra en las que presentan una masa ocho veces superior a la de nuestro Sol: por encima de este límite, las estrellas terminarán sus días con una dramática explosión de supernova.

Los brillantes nodos azules de la imagen indican las regiones donde se están formando nuevas estrellas masivas. En la esquina superior izquierda se encuentran dos de las regiones más jóvenes del complejo: W3 Principal y W3 (OH). La intensa radiación emitida por las estrellas en formación calienta el polvo y el gas que las rodean, haciéndolos brillar intensamente ante los ojos de Herschel, sensibles a la luz infrarroja.

Las estrellas masivas más antiguas también calientan el polvo que las rodea, como se puede ver en las regiones azules etiquetadas como AFGL 333, en la esquina inferior izquierda de la imagen, y el anillo KR 140, en la esquina inferior derecha.

La escena está surcada por una red de filamentos y columnas de polvo y gas de color rojizo, lo que indica su menor temperatura. Varios de estos núcleos fríos ocultan estrellas de baja masa en formación, cuya emisión se deja entrever como diminutos nodos amarillos.

Al estudiar estas dos regiones de formación de estrellas masivas – W3 Principal y W3 (OH) – los científicos han encontrado una nueva hipótesis para responder a una de las mayores cuestiones relacionadas con el nacimiento de las estrellas masivas. Durante su formación, la radiación emitida por estas estrellas es tan potente que debería arrastrar el material del que se alimentan, deteniendo su desarrollo.

Las observaciones de W3 apuntan a una posible solución: en las regiones de alta densidad, parece existir un proceso de circulación continua del material del que se alimentan las estrellas, que se comprime y se va confinando bajo la acción de los cúmulos de protoestrellas masivas.

Gracias a su fuerte radiación y potentes vientos, las poblaciones de estrellas masivas en formación podrían ser capaces de agrupar y mantener grumos de material del que se continuarían alimentando durante sus primeros y más caóticos años.

domingo, 24 de febrero de 2013

Descubren el Exoplaneta Kepler 37b


Los astrónomos han batido un récord al descubrir el planeta más pequeño fuera de nuestro Sistema Solar, que es ligeramente más grande que la Luna.

Para detectar al diminuto y probablemente rocoso planeta, lo primero que necesitaban era medir con precisión el tamaño de su sol.
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Lo hicieron usando "astrosismología", es decir, convirtiendo en sonidos pequeñas variaciones de la luz de la estrella.

Un informe de la revista Nature describe al ardiente planeta, cuya órbita alrededor de su estrella se completa en apenas 13 días.

En este lejano sistema solar lo acompañan otros dos planetas, uno de tres cuartas partes del tamaño de la Tierra y otro el doble de grande.

El récord para el exoplaneta más pequeño es roto constantemente, conforme los astrónomos mejoran sus técnicas para encontrarlos.

La mejor herramienta para los cazadores de planetas es el telescopio espacial Kepler, que mira fijamente una parte determinada del firmamento, tratando de detectar las pequeñas disminuciones en la luz estelar que ocurren cuando los planetas pasan frente a ellas: lo que se llama un evento de tránsito.

En sus primeros días, el equipo Kepler tendía a encontrar planetas grandes: monstruosidades del tamaño de Júpiter y Neptuno. En los últimos años, el catálogo de exoplanetas ha visto aumentar su número de las llamadas súper Tierras, de aproximadamente el doble del radio de nuestro planeta.

Sólo recientemente han encontrado algo definitivamente del tamaño de la Tierra.

La virtud del telescopio

Pero el nuevo hallazgo es un planeta de apenas un tercio del tamaño del que detentaba hasta ahora ese récord, más chico incluso que el planeta más pequeño de nuestro Sistema Solar, Mercurio.

"Creo que es un asombroso avance tecnológico ser capaces de detectar pequeñas rocas como ésta", dijo Francois Fressin, coautor del documento, basado en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian.

"Significa que realmente estamos en el ámbito en el cual es posible detectar todos los planetas de nuestro Sistema Solar, pero alrededor de otras estrellas", señaló a la BBC.

El descubrimiento de Kepler 37b y sus dos compañeros se puede atribuir en parte a una riqueza de datos del telescopio Kepler, que ha estado recogiendo información durante casi cuatro años. Señales que antes resultaban demasiado pequeñas para distinguirlas se han acumulado lentamente, haciendo más visibles a los planetas más chicos.

Pero nada más decir qué tan pequeño es un planeta dado depende de una medición relativa: cuánta luz hay cuando el planeta está y cuando no está frente a su sol. El grado en el que podemos conocer las dimensiones del planeta depende de cuán bien conozcamos el tamaño de la estrella matriz.

Aquí es donde entra a tallar la ciencia de la astrosismología. Un equipo de expertos en este rubro de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, echó un vistazo a los datos.

"El interior de las estrellas es un ambiente muy ruidoso, y ese ruido origina ondas sonoras que viajan a través de toda la estrella", afirma Yvonne Elsworth, de Birmingham.

"Algunas (ondas) resonarán, tal como un instrumento musical; la turbulencia hace que suenen en las frecuencias características de la estrella", dijo a la BBC.

"Si miramos la estrella podemos ver esas oscilaciones, la cantidad de luz que obtenemos de la estrella varía -lentamente y muy poco- en frecuencias que nos dicen lo que está ocurriendo dentro de las estrella".

Frecuencias resonantes




Y del mismo modo que un instrumento musical, esas frecuencias "resonantes" indican a los investigadores qué tan grande es la estrella en realidad.

Juntos, los análisis apuntan a la presencia de tres planetas. Kepler 37b y Kepler 37c son 30% y 74% del tamaño de la Tierra, y Kepler 37d es el doble.

Los tres dan vueltas alrededor de su estrella en ciclos de 13, 21, y 40 días respectivamente, todo en órbitas de apenas 20% de la distancia entre la Tierra y el Sol.

Es, en definitiva, otro interesante sistema solar para el floreciente catálogo de exoplanetas. La noción de que las noticias de exoplanetas han sido abundantes en estos últimos años la tiene muy en cuenta el doctor Fressin.

"Entiendo que a la gente le puede aburrir tantos anuncios consecutivos", expresó.

"Pero dentro de cientos de años, esta década será recordada como aquélla en la que se hizo posible el descubrimiento de toda clase de otros mundos".

Fuente: bbc.co.uk

jueves, 7 de febrero de 2013

Un planeta potencialmente habitable a tan solo 13 años luz de la Tierra

Un planeta del tamaño de la Tierra y con condiciones propicias para albergar vida, podría estar a tan solo 13 años luz de nosotros.

Así lo sugiere un estudio publicado este miércoles, que se basa en un catálogo de exoplanetas descubiertos por el telescopio estadounidense Kepler.
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Pero el hallazgo no acaba ahí. Un análisis de estrellas enanas rojas -la mayoría de las estrellas de nuestra galaxia– asegura que el 6% de ellas acoge un planeta.

El coautor del estudio, David Charbonneau, de la Universidad de Harvard, afirmó que los resultados del análisis tienen implicaciones para la búsqueda de vida en otros lugares.

"Ahora sabemos cuál es la tasa de ocurrencia de planetas habitables alrededor de las estrellas más comunes en nuestra galaxia", dijo el profesor.

"Esto significa que será mucho más fácil buscar vida más allá del sistema solar de lo que se pensaba".

Últimamente resulta difícil seguirle el ritmo a los descubrimientos de exoplanetas.

Gracias al telescopio espacial Kepler –un satélite artificial que orbita alrededor del sol buscando planetas extrasolares–, aparecen candidatos continuamente.

El telescopio observa fija y continuamente una parte de cielo, buscando identificar las pequeñas disminuciones de luz en las estrellas que se producen cuando un planeta en órbita pasa entre una estrella y el telescopio.

En busca del planeta ideal

Una lista creada por la NASA enumera a más de 800 exoplanetas, la mayoría de los cuales fueron encontrados mediante este método de "tránsito".

Aunque la cifra sorprenda, se cree que aún hay muchos por descubrir. Con base en los resultados obtenidos por otros métodos, se estimó que, en promedio, hay 1,6 planetas alrededor de cada estrella en el cielo.

En cambio, encontrar uno que se parezca a nuestro planeta es más complicado, ya que la mayoría de los de la lista son mucho más grandes.

Aun así, sigue habiendo muchos exoplanetas que se asemejan en tamaño a la Tierra.

Una investigación reciente sugiere que una de cada seis estrellas tiene un planeta del tamaño del nuestro en una órbita cercana a sus estrellas "anfitrionas", lo que resulta en un total de al menos 17.000 millones en nuestra galaxia.

Pero el tamaño no es el único factor a tener en cuenta. Los investigadores buscan exoplanetas que estén lo suficientemente lejos de su estrella para poder contener agua en forma líquida, y no tan lejos como para congelarse.

Al área que se encuentra dentro de la ubicación ideal se le conoce como "zona habitable", o coloquialmente, la "zona Ricitos de Oro".

El nuevo descubrimiento se centra en planetas del tamaño de la Tierra que se encuentran en zonas habitables alrededor de estrellas enanas rojas, que son mucho más tenues y más pequeñas que el Sol.

Según el estudio, la baja luz que registran indica que la zona habitable está mucho más cerca de lo pensado.

Astrónomos del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics analizaron los datos de Kepler, enfocándose en una serie de estrellas enanas rojas.

El equipo identificó 95 exoplanetas orbitando alrededor de las estrellas y desmostró que al menos el 60% de ellas albergaba planetas más pequeños que Neptuno.

Más cerca de lo que se pensaba


Los científicos encontraron que, de esos planetas, tres cuentan con la temperatura adecuada y un tamaño similar al de la Tierra (entre el 90% y el 170% del radio de nuestro planeta) y están a una distancia de entre 300 y 600 años luz.

Teniendo en cuenta la estimación de estrellas que aún no han sido detectadas, el análisis sugiere que el 6% de las estrellas "anfitrionas" albergan a un planeta similar a la Tierra en términos de tamaño y temperatura, lo que significa que hay 4.500 millones de ellos en nuestra galaxia.

Y teniendo en cuenta la proximidad de muchas estrellas enanas rojas a la Tierra, las estadísticas sugieren que el planeta potencialmente habitable más cercano a nuestro planeta podría estar a tan sólo 13 años luz de distancia.

"Creíamos que había que atravesar distancias enormes para dar con un planeta parecido a la Tierra. Ahora nos damos cuenta de que probablemente haya uno en nuestro patio trasero, a la espera de ser descubierto", dijo Courtney Dressing, autora principal del estudio.

Los hallazgos responden a una pregunta planteada por el investigador líder de la misión Kepler, William Borucki, durante una reunión de la Sociedad Astronómica Americana en enero.

"Ahora que sabemos que la mayoría de las estrellas tienen planetas, la pregunta del millón es qué tantos de estos exoplanetas son tan pequeños como la Tierra y están en la zona habitable", dijo en su momento.

"Eso es lo que quisiéramos saber, porque si identificamos a muchos planetas que cumplan estas condiciones, es probable que haya vida ahí afuera", concluyó.
Fuente: bbc.uk.co