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jueves, 23 de mayo de 2013

Telefonos Inteligentes para saber direccion de un Disparo

Los smartphones (teléfonos inteligentes) se pueden usar para muchas cosas, con la agregación de pequeños módulos externos adicionales. Una de las aplicaciones más llamativas llega ahora del sector de la seguridad.



La situación puede ser muy inusual para la gente común de algunos países, pero por desgracia no es tan rara en otros, y es familiar para policías y otros profesionales de la seguridad, así como periodistas en zonas de conflicto armado. Alguien, por ejemplo un francotirador, efectúa un disparo desde su escondrijo, y no se sabe de qué dirección ha venido tal disparo. Una pareja de policías patrullando a pie por la zona, o simplemente un par de amigos que pasaba por allí y que debe ahora intentar parapetarse del mejor modo posible ante el riesgo de nuevos disparos, podrían averiguar con sus smartphones preparados de qué dirección ha venido ese disparo, y evitar así, en la medida de lo posible, exponerse a nuevos disparos que sean hechos desde el mismo puesto de tiro. Un mapa del vecindario aparece en la pantalla, y una gran flecha roja apunta en la dirección de la que provino el disparo.

Un equipo de ingenieros de la computación de la Universidad Vanderbilt, en Nashville, Tennessee, Estados Unidos, ha hecho posible dicha capacidad de detección gracias al desarrollo de un módulo de hardware de bajo costo y el software necesario, que pueden transformar un smartphone Android en un sistema sencillo para localizar de dónde proviene un disparo.

Las armas de fuego de cierta potencia producen sonidos de características únicas al ser disparadas. Primeramente está el estampido generado en la boca del cañón del arma, que se propaga como una burbuja de sonido. En segundo lugar, las balas que viajan a velocidades supersónicas producen ondas expansivas distintivas a medida que vuelan. Como resultado, un sistema que combine una serie de micrófonos sensibles, un reloj de precisión y un microprocesador sencillo (disponible comercialmente) puede detectar estas características particulares y usarlas para determinar con notable precisión el lugar desde donde alguien acaba de efectuar un disparo.

Hace seis años, un grupo de expertos dirigido por Akos Ledeczi, de la Universidad Vanderbilt, desarrolló un sistema que hace que los cascos de combate de los soldados también operen como "nodos inteligentes" móviles de una red inalámbrica que puede identificar rápidamente la ubicación de francotiradores con un grado sorprendente de precisión. En los últimos años, el sistema ha sido adaptado para que funcione con el cada vez más popular smartphone.

Como la versión militar, el sistema para smartphone necesita de varios nodos para poder determinar la ubicación de un tirador. Asumiendo que los usuarios estén agrupados al menos de dos en dos, el sistema es adecuado para policías, guardaespaldas o periodistas enviados a zonas de conflicto armado.

Además del smartphone, el sistema consta de un módulo externo de sensores, con el tamaño de un mazo de cartas, que contiene los micrófonos y la capacidad de procesamiento necesaria para detectar las características acústicas de los disparos, y enviar esa información al smartphone mediante una conexión Bluetooth. Luego, los smartphones transmiten esa información a los demás módulos de la red, lo que les permite obtener por triangulación el origen del disparo.

Información adicional

lunes, 8 de abril de 2013

La Quimica Cerebral Alternativa Cientifica


 

Se ha descubierto que el cerebro de las personas que beben habitualmente grandes cantidades de alcohol tiene, en comparación con el de las personas que beben poco alcohol, el doble de capacidad para consumir una sustancia química que puede aumentar los efectos nocivos de esta sustancia. Esta capacidad adicional también puede aumentar la vulnerabilidad a la dependencia del alcohol.

El equipo de Graeme Mason, profesor de radiología de diagnóstico así como de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut, Estados Unidos, estudió a 14 bebedores. La mitad de ellos, con un elevado consumo de alcohol, hasta el punto de poder causar embriaguez en ocasiones. Estos bebedores consumían regularmente por lo menos ocho copas cada semana y por lo menos cuatro de ellas en un día de la semana. El resto eran personas con un consumo moderado de alcohol, que tomaban como mucho dos copas por semana.

Los 14 sujetos recibieron ácido acético (también conocido en su forma de acetato, y a menudo llamado así). Normalmente el cuerpo contiene muy poco acetato, pero cuando la persona toma una bebida alcohólica, el hígado convierte el alcohol en acetato. La sustancia se libera en la sangre y llega al cerebro, que lo utiliza como combustible.

Los investigadores encontraron que los cerebros de los bebedores empedernidos tenían el doble de capacidad para consumir el acetato que los de los bebedores moderados. Esta mayor capacidad crea una situación en la que los bebedores empedernidos pueden adaptarse al uso del acetato por su cerebro, haciendo ello más difícil reducir o abandonar por completo el consumo de alcohol.


Normalmente, el cerebro utiliza el azúcar presente en la sangre como combustible, pero también puede utilizar otras sustancias como el acetato. Consumir una cantidad elevada de alcohol con el estómago vacío, puede disminuir rápidamente el azúcar presente en la sangre de una persona, y el ácido acético es capaz de compensar el combustible que deja de estar disponible para el cerebro, lo cual crea el incentivo para seguir bebiendo.

Las personas que habitualmente beben mucho alcohol tienen una capacidad aún mayor para conseguir esa energía extra. Los efectos del acetato en el cerebro, por consumo excesivo de alcohol, pueden promover la dependencia, porque si la gente deja de beber, no sólo pierde el alcohol, sino también el acetato. Si el cerebro se ha adaptado a tener esa sustancia en su entorno, el bebedor puede sufrir síntomas de abstinencia.

Esto conduce a una situación peligrosa. El acetato como combustible para el cerebro puede, a primera vista, no parecer un problema, pero el cerebro de los bebedores empedernidos puede adaptarse a esa fuente de energía y hacer más difícil reducir el consumo de alcohol o abandonarlo por completo. Esto encaja con los resultados de estudios previos que han demostrado que el acetato proveniente del alcohol puede desplazar incluso una parte del consumo de azúcar por el cerebro.

Otra adaptación potencial también incrementa el riesgo de dependencia. Cuando el cerebro utiliza acetato como combustible, crea otra sustancia llamada adenosina, que causa sopor. La adaptación a esa adenosina extra puede también hacer más difícil el dejar de beber.

Los nuevos y reveladores datos sobre la química cerebral asociada al consumo de alcohol pueden ser útiles no sólo para conocer mejor el proceso de adicción, sino también para ayudar a idear posibles intervenciones terapéuticas que faciliten la desintoxicación.

En la investigación también han trabajado Lihong Jiang, Barbara Gulanski, Henk DeFeyter, Stuart Weinzimer, Brian Pittman, Elizabeth Guidone, Julia Koretski, Susan Harman, Ismene Petrakis, y John Krystal, todos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale.

jueves, 4 de abril de 2013

Tecnologia : "Maquina Puede Conservar el Higado Fuera del Cuerpo"



Actualmente, los trasplantes dependen de la preservación de órganos donados que durante el intervalo desde que se extraen hasta que son implantados, deben ser mantenidos a baja temperatura, para enlentecer su metabolismo. El método es un tanto tosco, ya que en lo esencial se le puede describir como "poner en hielo" los órganos, y no es raro que se dañen.

Gracias a una nueva máquina, ya es posible mantener con vida y funcionando fuera del cuerpo un hígado humano donado, y luego trasplantarlo con éxito a un paciente que necesita un hígado nuevo, sin las limitaciones y riesgos inherentes al método tradicional de conservar un órgano fuera del cuerpo.

Con este aparato se ha logrado por vez primera mantener un hígado humano vivo y funcionando fuera del cuerpo del paciente, y son ya dos los hígados preservados de este modo y trasplantados con éxito a pacientes.

Esta máquina, diseñada en la Universidad de Oxford en el Reino Unido, podría duplicar la cantidad de hígados viables para trasplantes, al preservar hígados que de otro modo serían clasificados como no aptos para el trasplante. Esta tecnología actualmente está siendo probada con humanos en el Hospital del King's College de Londres.

Los dos pacientes que han recibido un trasplante de hígado preservado por el nuevo aparato se están recuperando satisfactoriamente de la operación.

La máquina, desarrollada por el equipo del profesor Constantin Coussios del Departamento de Ciencias de la Ingeniería en la Universidad de Oxford, es capaz de mantener en funcionamiento un hígado fuera del cuerpo durante 24 horas. A un hígado humano donado que esté conectado a este dispositivo se le eleva su temperatura hasta la del cuerpo, y a través de sus capilares se hacen circular glóbulos rojos oxigenados. Una vez conectado a la máquina, el hígado funciona normalmente como lo haría dentro del cuerpo humano, exhibiendo su color normal e incluso produciendo bilis.